miércoles, 16 de julio de 2008

Alexis Arguello: Vida y Hazañas de un Grande

Por NotiFight.com
18/04/2008 11:36



Corresponsal de NotiFight.com, Christian Giudice, está escribiendo un libro sobre la vida de Alexis Arguello. Este es un extracto del mismo.



En algún lugar puedes encontrar a alguien que le vio golpear. Tanto si fue una sacudida como un gancho izquierdo directo, que viró en el último segundo, el acto provoca sofocos ahogados y expresiones de asombro en aquellos que fueron testigos. El ídolo latinoamericano y tres veces campeón del mundo, Alexis Arguello, ya no golpea más, excepto al vacío o al saco. Y en cada golpe se adivina una pizca de nostalgia y la certeza absoluta de que “todavía podría derrotarlos a todos.”



Los luchadores han de cambiar: es necesario si quieren sobrevivir. Sin embargo, incluso tras la transformación, en su porte, en sus gestos, en su mirada, aun puedes ver algo del boxeador que aun queda en su interior. Cuando Arguello se acerca, sientes que, todas las emociones que el guarda en su interior (el control, la risa fácil, la intensidad, la fama….) están a flor de piel, aunque no las quiera mostrar. En realidad, lo muestra todo sin darse cuanta. Cuando te da la mano y muestra su confiada sonrisa, una a una, todas sus líneas de expresión se transforman en un recibimiento cálido.



Incluso en aquellos días dorados de boxeo cuando volvía a su rincón y anunciaba al entrenador: “Ya es mío”, se las apañaba para tener todo bajo control, para no dejar que las emociones se apropiaran de él. Manejaba sus emociones con la misma precisión que lanzaba sus golpes. Cuando se sienta a hablar sobre deportes, sobre su vida, queda evidente que tiene facilidad para pasar a su antojo de una emoción a otra y controlar la ira. Se nota en su serenidad. Él es incluso capaz de decir: “Podría destruir este sitio si lo perdiera”, a sabiendas de que jamás sería capaz de hacerlo.



Para sus rivales, se podría decir que pelear contra Arguello era como luchar contra una nación entera. Él es un hombre cuya fortaleza no está en el golpe, sino en sus pensamientos y creencias. Incluso ahora, Arguello piensa muy bien cada cosa. En aquel entonces era capaz de leer la mente del rival y saber cuándo iba a flaquear. Cuando lo tienes delante, sin embargo, pregona a los cuatro vientos que él jamás tuvo ese poder. Y en ese momento y sin darle más importancia, continuará teorizando sobre ángulos de golpe y palancas e incluso se levantará para hacer una rápida exhibición. Mirando al gran Arguello lanzar golpes en medio de un hotel en Nicaragua, es realmente hipnotizante, un aliciente más para los huéspedes.



Y aquellos mismos seguidores pueden mirar atrás y decidir a qué Arguello quieren recordar. Podría ser a aquel que se convirtió en hombre en el Felt Forum en Inglewood, California. Aquella noche tenía de oponente al ídolo latino Rubén Olivares; quien se le había acercado antes del combate y le había dicho: “No te preocupes, que tendré piedad contigo. Terminaremos pronto y no te haré sufrir mucho.”. Aquella noche Arguello derrotó a la leyenda. Pero podría ser también aquel día en que aporreó al puertorriqueño Alfredo Escalera en su propio terreno. Y más tarde, lo volvió a conducir al infierno en la revancha. O podría ser el del golpe derecho que obligó a Ray Manzini a caer de rodillas. O el del gancho zurdo que le permitió dominar a Jim Watt y ganar su tercer título mundial. Incluso aquellos que solo relacionan a Arguello con Aaron Pryor, tienen que reconocer la pasión y el coraje con que lanzaba golpes, a un hombre al que era completamente imposible que ganara.


Arguello está sentado en su silla, se toma un segundo, mira hacia arriba, los recuerdos vuelven. Piensa en su vida tras el boxeo y duda si conseguirá zafarse alguna vez de su pasado. Y empieza una frase que deja suspendida en el aire: “Ya sabes, cuando tratas de sustituir una cosa por otra….” “bueno, ya sabes a qué me refiero” Todo el sufrimiento y dolor de toda un vida se reflejan en sus ojos durante un segundo. Todos sabemos lo que se esconde en los oscuros rincones de todos y cada uno. Arguello no tiene que decir nada más. Casi 30 gloriosos años en el ring, luchando por su país han dicho suficiente.

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